pobres en espíritu

La bendición para los pobres en espíritu

Resumen: Esta devocional trata de explicar en qué consiste la bendición “el pobre en espíritu”. Se trata de que la salvación no es un lugar solamente, sino que es un lugar donde vive Dios con los redimidos, una comunidad ordenada alrededor del carácter moral de Dios.

Mat 5:3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Resumen: Esta devocional trata de explicar en qué consiste la bendición “el pobre en espíritu”. Se trata de que la salvación no es un lugar solamente, sino que es un lugar donde vive Dios con los redimidos, una comunidad ordenada alrededor del carácter moral de Dios.

Contenido

¿En qué consiste la bendición al pobre en espíritu?

Para el pobre en espíritu, Dios le dará el reino de cielo. Estos ya tienen el elemento o esencia del cielo en ellos. El cielo es el lugar donde Dios vive. Todos en el cielo tendrán el carácter moral de Dios para entrar. Mientras muchas personas carnales e inconversas quieren ir al cielo, no caben allí. Ellos no tienen el espíritu necesario para existir en la mera presencia de Dios. Es triste pero es la verdad. No van nada más porque Dios no les permitirá entrar, sino también porque está afuera de onda con todo que pasa en el cielo, y con la persona más importante del cielo, Dios. Hay muchos cristianos quienes no se fijan nada en su vida cristiana, nunca crecen espiritualmente, ni tampoco se esfuerzan en nada relacionada con el reino de Dios, porque ellos son contentos de “nada más llegar” y no van a prepararse nada. Pero tienen conceptos equivocados sobre el cielo.

El punto más difícil en la salvación del alma del hombre (aparte que Dios haciendo un camino por su salvación) es que el hombre se da cuenta de su necesidad, de su condición sin remedio y sin esperanza afuera de Dios. El pobre en espíritu es una persona exactamente que ha captado este punto.

La salvación no es de ir a un lugar, sino a ir con Dios

Lo que estas personas se pierden es que el cielo no es necesariamente un lugar de alto placer como un carnaval o férrea, y entonces queremos ir allá para divertirnos, sino que el cielo es donde la mera presencia de Dios es más fuerte. Su persona (en una forma local e intensiva) mora en el cielo. La salvación es de ir con Dios, de convivir con Dios, de estar con Dios. Además, la salvación nunca ha sido presentado a los humanos como algo individual y sola, sino es una comunidad de redimidos, el cuerpo de Cristo, y en el cielo con Dios, existe una comunidad de fe y carácter como el carácter de Dios. Muchos cristianos hoy en día no tienen concepto de la importancia de la iglesia local. Para ellos, la comunidad es ellos y Dios, y tal vez unos otros, pero a la verdad, nunca toman en serio la comunidad de fe que existe en el cielo. La iglesia aquí es parecida a esta comunidad, con flacos y gordos, altos y chaparritos, gente de todo tipo, y el amor que se ve en Dios y sus hijos (en esta comunidad) es un amor en que se pierde las ofensas, y la ayuda abunda.

1Juan 3:14 Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte.

O sea, la manifestación de que una persona es salva es el amor que tiene para su hermano (otros en esta comunidad de Dios). Juan dice “Dios es amor”. Esta calidad moral viviendo, creciendo, abundando, y manifestándose adentro de nosotros es perfectamente de acuerdo con el carácter moral de Dios. El pobre en espíritu convive sin conflicto con sus hermanos en la fe. Las demás personas que piensan que son salvos y no pueden aguantar a sus hermanos en la fe, o que no buscan como prioridad en su vida de convivir espiritualmente con ellos deben examinar si están en la fe.

La fuerza espiritual en ser pobre en espíritu

Pablo dijo en 2Cor 12:10 “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” Ahora entendemos este punto. Lo más que dejamos de confiar en nosotros, en nuestras fuerzas, sabiduría, habilidades y talentos, etcétera, lo más que tenemos que depender en Dios, y lo más fuerte que somos. La salvación es un dejar, un reposo, y entrego a Cristo. Uno deja de lo suyo, y busca lo de Cristo.

“Bienaventurados son los que no entran la vida con la confianza en sí mismo, ni confían en sus dones y talentos, seguros que ellos son competentes de resolver lo que la vida le reta. Al contrario, bienaventurados son los que entran la vida sin tal confianza en sí mismo, “porque de ellos es el reino de los cielos”. No es que “será” el reino del cielo, Pero será el reino del cielo. En entrar la vida con la actitud de humildad y dependencia total en el Rey, abrimos nuestras vidas a Su dirección. Abrimos nuestro presente y futuro a la acción del Rey Jesús. De comprometerse a los valores del reino nos trae al lugar donde pedimos al Rey de reinar en nuestras vidas.” (Bible Teacher’s Commentary, entrada sobre Mat 5).

Déjanos abandonar todo estimación de sí mismo y actitud de arrogancia, porque es la mera esencia de incredulidad, como el profeta dijo a Israel, ‘Escuchad y oíd; no os envanezcáis, pues Jehová ha hablado’ (Jer 13:15). Sé manso, sé pobre en espíritu, sé humilde; sé entrañable, gentil, y fácil de ser corregido, quitando todos los pensamientos de alteza e imaginaciones de grandeza, sobre lo que eres o lo que puedes. Sé contento a tomar la esquina más oscura y el asiento más bajo, y esto no para demostrar una falsa humildad, o en el ‘orgullo que pretende de ser humilde’, aumentando nuestra vanidad que somos mártires, enchinando nuestra mente carnal con la idea de nuestra maravillosa humildad, o por murmurar sobre supuestas ofensas y tribulaciones. Que seamos verdaderamente humildes, como el Hijo de Dios; contentos de vivir sin fama y gloria, y de hacer nuestro trabajo sin reconocimiento, como una obra no para el ojo del hombre, sino para Dios.

Quítate toda envidia, y celosidad de otros, igualmente de malicia y el hablar mal (Ef 4:31). Aprende de amar de escuchar de la prosperidad de un hermano. No le robas una pocas palabras de honesta alabanza; no tratas malignamente de voltearlo para lo malo, con un envidioso ‘pero’ o un silencio inapropiado, o una pretensión de moverse la cabeza en condenación… Cristianos hipócritas frecuentemente necesitan a atacar al mundo porque en hacerlo se distraen la atención de las fallas de sí mismos.” Bonar, Sermón: Follow the Lamb (Seguir al Cordero).

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