Tomado del capítulo 10 del libro, “El Hombre, La Morada de Dios” por A.W. Tozer.
Sin anuncio o ser detectado ha entrado en compañerismos evangélicos populares en tiempos modernos una nueva cruz. Es como la cruz vieja, pero diferente: las similitudes son superficiales; las diferencias son fundamentales.
Desde esta nueva cruz ha salido una nueva filosofía de la vida cristiana, y desde esta filosofía ha venido una nueva maniobra evangélica, una reunión y nueva forma de predicación. Este evangelismo nuevo usa el mismo lenguaje del viejo, pero su contenido no es lo mismo, y su énfasis no es como antes.
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